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Acrónimo secreto en la despedida



Han pasado varias semanas y pensé que bastarían solo un par para no pensarte a diario. Creo que estás muy lejos para saber que nunca me vas a extrañar tanto como yo te extraño hoy.


Sé que odiarías leer esto, más si supieras que es sobre ti. Pero ahora hago las cosas por mí y no por los demás. Eso es porque te he extrañado hasta cuando estábamos cerca, te extraño desde que te conocí.


Te he extrañado cuando estuviste, cuando te fuiste, y cuando volviste. Pero creo que incluso en eso, nunca te he extrañado como hoy.


No sé si sabías que cuando uno es joven el amor es un poco obsesivo, un tanto enfermo, y ciertamente eterno. Uno cree que se conoce a sí mismo a partir del ensueño que le da ese recuerdo al que no ha llegado todavía. Un susurro del tiempo que encierra en su barullo azul tu corazón, ese que apenas va aprendiendo a latir. Y tú me hiciste eternamente joven.


Con el pasar de los años la memoria adorna esos fugaces momentos y vuelve onírica la realidad pasada. Luego uno aprende que nadie se encuentra a uno mismo en el amor, sino que se pierde en su vacío perverso. Es ahí cuando es más peligroso el potencial humano, cuando uno ni siquiera percibe que está parado en el ojo de la tormenta. Solo la experiencia que te da la edad y los moretones que deja dentro del pecho van disipando la niebla que esconde su mapa. Todavía tengo la esperanza que se puede aprender a encontrar el amor sin perderse.


Siempre he sido, y estoy seguro de que esto lo sabes, demasiado dramático para el romance, y demasiado romántico para disfrutar cualquier drama de esos que armábamos adrede. Y eso no te gusta, porque piensas que me encanta sufrir por lo que solo acaece en mi cabeza. Piensas que soy la presunción de una paradoja incierta que yo mismo me inventé.


Para ti puede ser un capricho, o una idea pasajera. Creo que no logras asimilar que no solo eres un afecto enfermizo, sino que eres el eje central de mis días y noches, y eso porque no te importa lo suficiente. Sí te culpo, aunque también te entiendo. Falta que la vida te enseñe que sí hay más en un verso de lo que ahora puedas percatarte, y que por más que le quieras huir al embriagante perfume que desprende este mundo, las flores siempre seguirán brotando.


En realidad me parece que te da miedo, y te lo dije varias veces. Pero de nuevo creo que es mi mente tratando de armar un escenario en el que sí pudimos ser. Pero a veces el amor no es suficiente, y el tiempo y la vida en vez de ayudar empeoran las cosas.


Dicen que cuando amas a alguien no te importa si está lejos o con alguien más, siempre que esté feliz. Es cierto.


Eras tú en quien pensaba con mis canciones favoritas, o en las películas que me hacían llorar. Eres tú por quien cambié tantísimas veces de apariencia y actitud porque pensé que alguna combinación haría que me quisieras. No fue hasta hace unos meses, antes de dejarte, que empecé a ser yo mismo. Lo que me devastó fue que eso no fue suficiente.


La verdad es que te quiero más que a mí. Te quiero conforme más te siento lejos, y aprenderás algún día que ese tipo de cariño hay gente que no lo encuentra en toda su vida. Hoy quiero querer así a alguien más que sí lo sepa. Cansa querer tanto a un fantasma.


Entonces desaparecer parecía preciso. Me tomó tiempo y esfuerzo pensar en qué tenía que decirte antes de la despedida. La decisión final fue que no te iba a decir nada. Luego llamaste.


No contesté, no lo hice ni a las llamadas por teléfono, ni a los mensajes por redes sociales, ni a los correos electrónicos, y ni siquiera a cuando me llamabas en mis sueños más vivaces. Pero creo que ganaste porque no tardé dos días en perder contra el botón de contestar.


Te dije cosas de las que no me acuerdo, aunque desearía hacerlo. Lo que sí tengo presente es que mis palabras fueron sobrias pero bien pensadas. Profundas sí, aunque en un tono tranquilo. Quería hacerte saber lo difícil que era para mí alejarme. Pero creo que no te venía en gana. Tu respuesta superó por mucho la serenidad en la que yo incurrí, pero la tuya sí parecía creíble. Te importó muy poco que me fuera, como te importó muy poco antes irte de mi vida. Es porque yo te importo poco, pero eso está bien. Creo que finalmente entiendo que no puedo obligarte a ser la persona que quiero que seas. Una que sea exactamente como sólo tú eres, pero que sí me quiera.


Y aquí estoy yo escribiéndole a tu sombra, y tú estás lejos viviendo tu vida en plena luz.


Pero ahora sé que en este mundo hay dos clases de personas, aquellas que vierten sus lágrimas en un frasco de cristal transparente y las vuelven el combustible de sus pasiones más desenfrenadas, y por otro lado también están aquellas a quienes sus lágrimas logran ahogarlos para volverlos criaturas de su propio sufrimiento. Si hoy estoy lejos de ti, por más que te ame tanto, es porque llevo demasiado tiempo siendo la segunda clase, y quiero ser la primera.


Pese a todo lo que salta a llorar, hazte del conocimiento de que lo daba todo por ti. Que lo que sentí y todavía no dejo ir es tan puro como luz primigenia. Han pasado varias semanas y pensé que bastarían solo un par para no pensarte a diario. Creo que estás muy lejos para saber que nunca me vas a extrañar tanto como yo te extraño hoy.


Yo, tan enfermo como siempre.

Mira arriba, revisa conocimiento olvidado,

te digo adiós.


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