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Cuota de género: ¿un mal necesario?

Actualizado: 14 de jul de 2018

Estas elecciones han arrasado con el término “histórico” en nuestro país. Por primera vez tendremos a un presidente de izquierda, por primera vez se castigó de manera contundente al partido político con el que México parecía no tener memoria. Por primera vez, existirá la paridad en nuestro órgano legislativo federal: la Cámara de Diputados estará conformada por un 49.2% de mujeres en contraste con un 50.8% de hombres, mientras que el Senado de la República estará compuesto por el 51% de mujeres y 49% de hombres.

Este logro se le puede atribuir a la concientización que en los últimos años se ha impulsado por medio de organizaciones civiles en pro a los derechos de las mujeres, pero sobre todo a la controvertida cuota de género. Si nunca has escuchado hablar de ella, aquí va un poco de historia: las cuotas de género son un mecanismo para impulsar y garantizar de manera efectiva la presencia de las mujeres en cargos de elección popular, convirtiéndose en una forma de acción positiva. Esto quiere decir que sí, en efecto, las cuotas de género son discriminatorias; sin embargo, es una discriminación positiva que se traduce en una medida compensatoria por la discriminación que históricamente ha afectado a las mujeres en el contexto de la política. En nuestro país, la cuota de género se ve reflejada dentro del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), el cual en su última reforma en esta materia se estableció que los partidos políticos tienen que otorgar mínimamente el 40% de los asientos a un mismo género.


¿Por qué es controversial?

Investigando un poco más, me topé con diversos argumentos a favor y en contra de esta acción. Estos, para mí, son los más relevantes:

En contra

  • Las cuotas de género violan principios democráticos.

  • Se desestiman los méritos, capacidades y preparación de las personas.

  • Puede tratarse de una simple medida de imagen (“lo políticamente correcto”).

A favor

  • Fomentan la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

  • Las cuotas de género no son muy distintas a otras restricciones comúnmente aceptadas (ejemplo: límites geográficos).

  • No se pueden tomar como discriminación contra los hombres ya que son una medida compensatoria a las barreras impuestas históricamente a las mujeres.

Tenemos esta idea de que las cuotas de género únicamente provocan que haya más espacios para la gente menos preparada; que la designación de candidaturas para cargos públicos debería ser con base en el conocimiento y la experiencia de los postulantes. Sí, estoy totalmente de acuerdo con que la persona más idónea debería ser la que obtuviera la candidatura y el sexo no te da más o menos aptitud para el cargo. Que exista la posibilidad de que únicamente para llenar un vacío en la cuota de género te den un cargo, es menospreciar la calidad y la capacidad de las mujeres. Pero nuestra realidad es que México, lamentablemente, es en esencia un país machista. Si no implementamos estas medidas para el impulso de una representación más equitativa, a la buena no va a ocurrir.


A nosotros, como ciudadanos, nos toca exigir que los partidos políticos nos den candidatos preparados, independientemente de su sexo. Nuestro problema no se encuentra en si hay más mujeres u hombres calificados para el trabajo, sino en que los partidos políticos, desde siempre, han puesto como candidatos a los que a ellos les conviene, no a los mejores para nosotros. Queda como nuestra responsabilidad no culpar a una medida cuya única función es ser una herramienta para la equidad, sino actuar para que no tengamos que seguir eligiendo al “menos peor”.

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