El Blog del ombligo.

Opinión, convicción, letras libres.

Este es un espacio de todes para todes.

Seamos responsables y respetuoses.

Bienvenides les lunátiques.

Deberías ponerle más atención a tus muebles

[Primera parte]




El otro día hablaba con una pared sobre lo difícil que es ser una silla cuando no hay mesas. La gente asume que eres la parcialidad de un todo.


¿No soy silla independientemente de que haya mesa enfrente? Pues se sabrá. A una señora muy gorda le gusta asumir que solo estoy aquí para las esperas. Algún día se caerá tratando de sentarse y le pasará por inconsciente. ¡Soy una silla, una maldita silla!


Pero a la gente ya no le importa que una silla esté triste. Solo le importa que se vea bien y no esté rayada o desgastada.


Las personas también creen de lleno que le pertenezco a alguien. A mí nadie me preguntó si entregaba indiscriminadamente mi voluntad hacia alguna persona. Es verdad que no tengo manos ni pies para hacer lo que me plazca, pero me hubiera gustado que alguien me dejara al menos elegir a una persona que me agradara. Pero al final de cuentas no sé cuánto importa eso. Luego cuando tienes un dueño es quien menos se sienta en ti.


Si tuviera que decirlo ordenadamente, en lo que he vivido he tenido tres dueños.


El primero fue mi padre, quien a algunos les gustará llamar mi fabricante. Muchos no recuerdan los primeros días de su vida, pero yo sí lo hago vívidamente. Recuerdo con ternura a todas mis hermanas en fila esperando su barniz con emoción. Salir al mundo era una promesa tan bella que nos regaló esta vida llena de decepciones. Pocos saben que ser una silla es muy frustrante.


Después del barniz y de estar recién pintadas nos pusieron en un gran almacén a donde mucha gente nos visitaba y se sentaban en nosotras una tras otra. Eran tiempos felices, de esperanza y diversión. Recuerdo que en las noches mis cinco hermanas y yo nos reíamos de los olores de la diferente gente que llegaba.


Todo era bello, hasta el día en el que llegó un hombre viejo y que parecía bastante refinado que pagó tres veces mi precio de lista para llevarme solo a mí y dejar atrás a mis hermanas. La gente comúnmente aparenta cosas que no son, eso lo aprendí a carne viva.


Al llegar a casa de este señor me di cuenta que era un lugar mucho más feo comparado a donde antes vivía. Todo tenía olor a húmedo y olvidado, los demás muebles me contaban historias de terror, violencia, y tristeza. Vivía en una angustia permanente que punzaba una y otra vez mis pensamientos. Empecé a odiar que la gente se sentara en mí y me volví rebelde. Sacaba astillas todo el tiempo para que las personas que se sentaran en mí sufrieran tanto como yo. El universo se dio cuenta de mi infelicidad y llegó un hombre un poco más joven con otras personas a sacar todo lo que había en la casa, incluyéndome.

24 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo