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El peligroso olvido de los vulnerables

México atraviesa una grave crisis de Derechos Humanos y de inseguridad. Ésta atenta y amenaza la vida e integridad de todos los mexicanos y mexicanas. El presidente Peña Nieto expresó en un discurso dirigido a militares y marinos que “quienes digan que vivimos en un país que está en crisis, crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes, porque no es lo que está pasando”. Esta intervención se refiere a una supuesta crisis de empleo. Aunque puede ser inexistente para el presidente de la República, demuestra un síntoma de un problema serio: la falta de reconocimiento por parte del Estado ante un situación que demanda una solución urgente.


Ejemplos de esta crisis –y otras más– son casos conocidos y no tanto: los damnificados por el 19S, los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, la desaparición y posterior asesinato de 3 estudiantes de cine en Jalisco y una larga lista de entre otros. Todos estos escenarios con telón pintado de sangre y bambalinas del Estado tienen 2 fases: la primera es aquella que coloca a la o las personas en situación de riesgo y puede o no ser intencionada, un ejemplo de una situación accidental es el sismo del 19 de septiembre pasado; a fin de cuentas ¿quién pudiese provocar un sismo que ponga el riesgo la vida de los demás? Nadie. Sin embargo el problema de la situación de la mayoría de los damnificados por el sismo no es el sismo en sí, sino la corrupción inmobiliaria. También otros desastres naturales que dejan a determinada parte de la población en situación de vulnerabilidad: ciclones, heladas, huracanes, inundaciones, olas de calor, tormentas y, claro, terremotos. La segunda fase es en la que quisiera ahondar; es peligrosa y, sobretodo, silenciosa: la omisión de ayuda y el posterior olvido.


En las situaciones de vulnerabilidad se enfrentan retos que pueden ser resueltos con la ayuda de otros. Problemas simples requieren generalmente soluciones simples, y problemas complejos requieren soluciones complejas. Soluciones que sean constantes, efectivas, planificadas, y sostenidas. Desafortunadamente en la mayor parte de los casos de los damnificados del 19S las soluciones no son las idóneas. No me refiero únicamente a los damnificados en la Ciudad de México o metrópolis como Puebla o Cuernavaca, sino también a comunidades pequeñas en municipios poco accesibles de Puebla, Morelos o el Estado de México en donde hay miles de personas con pérdidas parciales o totales. Estos últimos carecen de ayuda tan necesaria que ni siquiera son acreedores a un lugar en las planas de los periódicos, o los espacios televisivos, o de radiodifusión.


Por su parte, la situación migrante —no solamente de mexicanos queriendo llegar a EEUU, sino también de centroamericanos tratando de permanecer en México o queriendo ir más allá del Río Bravo — es una realidad de la que poco se habla en las sobremesas, los noticieros o las diversas charlas ocasionales de pasillo. Al parecer la frecuente aparición del mismo patrón de abuso, desaparición, sufrimiento y tortura migrantes tampoco tiene lugar en los medios, mismo síntoma de lo que sucede en Medio Oriente, África y el Sudeste Asiático como pan de cada día.


Con persistencia somos testigos del silencio estatal, mediático y hasta civil de situaciones gravísimas y demasiado peligrosas que amenazan la vida y la seguridad de todos los mexicanos y mexicanas, aunque por obvias razones no nos demos cuenta. Este diagnóstico describe la existencia de la peor arma que mata diariamente a miles de personas, tanto en México como en el mundo, no solamente en las situaciones antes mencionadas sino en un sinfín de otras más que no alcanzarían las palabras para nombrarlas a todas.


La gran problemática puede ser explicada metafóricamente: el pleno conocimiento de una herida fresca que necesita atención y en consecuencia ser cuidada; es atendida en los primeros días y más tarde desatendida, descuidada, desprotegida y, en algunos casos, dañada nuevamente, todo esto mientras sigue abierta y vulnerable.


Concluyo con un cuestionamiento: ¿Estamos condenados por naturaleza humana a olvidar a quienes son vulnerables y en consecuencia dejarlos morir o asesinarlos a inconsciencia?

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