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Resumen del proceso electoral presidencial de Estados Unidos

Actualizado: 6 de jun de 2020


A menudo el proceso electoral americano puede presentarse como bastante confuso y lleno de complicaciones. Realmente, éste es un juicio correcto. El proceso para elegir presidente en los Estados Unidos sí es, de hecho, bastante complejo. El propósito de este texto es establecer un marco de referencia para facilitar el entendimiento del proceso para elegir presidente en los Estados Unidos, así como reducir sus pequeños procesos a palabras más simples.


¿Cuándo nace el poder ejecutivo?


Los padres fundadores vislumbraron un sistema político que atendiera a su espíritu democrático, republicano y romántico-racionalista, y que al mismo tiempo respetara la autonomía de los Estados para decidir sobre ellos mismos.


Algo que por ejemplo Thomas Paine deja claro en Common Sense es que el gobierno de la corona inglesa sobre los Estados Unidos era intrínsicamente injusto porque, no se puede dirigir un lugar que ni se conoce, ni se habita.


Gran parte del sentido de justicia en los Estados Unidos va a residir en definir contrapesos para que el poder político no se acumule en manos de alguien o algunos, y así también, se va a percibir el constante impulso de proteger las libertades individuales.

Así nacen el poder legislativo, ejecutivo y judicial como fuerzas políticas encontradas e interconectadas para sostener al proyecto americano.


El legislativo se previó como unicameral y con poder de veto para los Estados hasta que Alexander Hamilton hizo una serie de reclamaciones en el Federalista #22 como el alejamiento del sentido republicano de mayoría. Fue James Madison quien propuso un sistema bicameral de una cámara elegida por el pueblo y otra elegida por las legislaturas locales de los estados. En el Federalista #51 se reitera la importancia del legislativo en términos de contrapeso, y de ahí la razón de las dos cámaras: ellos son quienes tienen el poder de hacer y cambiar las leyes.

Pero el poder ejecutivo tuvo una historia más complicada. Éste no estaba originalmente contemplado en los Artículos de Confederación de 1781. No fue hasta el milagro de Philadelphia de 1787 cuando, en la reunión presidida por George Washington, se llegó al acuerdo de que éste era necesario. El Federalista #70 defiende la creación de un poder ejecutivo que pueda compensar la incapacidad del congreso para tomar decisiones rápidas y administrar la parte práctica de la vida pública. De ahí la unidad y el apoyo que se necesitan probar varias veces, como pruebas de legitimidad, durante la elección del presidente (quien es el titular del poder ejecutivo).


PROCESO ELECTORAL


La constitución de los Estados Unidos es la primera instancia en el proceso de selección de presidente. En ella se establecen los requisitos que un aspirante debe cumplir para poder participar en la carrera a la presidencia. El participante debe ser un ciudadano que haya nacido en los Estados Unidos, debe tener treinta y cinco años, y haber radicado en el país por lo menos los últimos catorce años.

El proceso electoral se divide en tres etapas: primarias y caucus, convenciones nacionales, y colegio electoral.


PRIMERA ETAPA

Primarias y caucus

Esta etapa es gestionada primordialmente por los partidos (aunque el Estado ayuda en temas de organización) y su propósito es elegir a los delegados que tendrán la oportunidad de asistir a la convención nacional demócrata o republicana, y en algunos casos, definir incluso su voto. Pero, ¿qué son los delegados y por qué los candidatos los querrían?

A grandes rasgos, los delegados son miembros del partido que tienen la tarea de asistir a la convención nacional para emitir un voto que ayude a elegir un candidato para la elección general. Ha de decirse que en las primarias, los delegados no tienen la obligación de externalizar públicamente cuál es voto. Esto último es relevante porque, a su vez, existen varios tipos de delegados: los comprometidos, que se comprometen a votar por el delegado que les asigne el partido; los no comprometidos, que al ser comúnmente figuras importantes no están obligados a compartir su voto –aunque a menudo sí lo hagan–; y los súper-delegados, que son personas influyentes dentro del partido y se encargan de acarrear votos para un candidato.

Entonces, las primarias son debates organizados por las legislaciones estatales que inician varios meses antes de la elección y son realizadas en estaciones de voto oficial, organizadas y pagadas por cada estado. Éstas definen a los delegados que asistirán a la convención nacional y por quién van a votar. Aunque los demócratas utilizan un sistema proporcional al voto directo para asignar delegados, los republicanos además de tomar en algunos lugares en cuenta la proporcionalidad, en otros el ganador se lo lleva todo. Realmente, cada partido en cada estado decide cómo va a asignar a los delegados.

Las primarias generalmente se consideran una configuración más representativa, flexible y accesible del diálogo que los caucus. Esto porque los caucus son organizados por los mismos partidos y se llevan a partir de reuniones privadas. Y aunque tampoco son tan transparentes como lo podrían ser las primarias, el debate puede fluir con mayor facilidad porque es muy común que, por ejemplo, la palabra o el voto se pidan a mano alzada. Los caucus son menos formales que las primarias, pero dan más lugar al intercambio y confrontación de ideas.

Sea a partir de primarias o caucus, el fin de estos eventos es, al fin y al cabo, asignar a los delegados. Tanto para los demócratas como para los republicanos, el candidato con la mayoría simple en delegados gana la nominación. Por ejemplo, teniendo el partido demócrata este año 3,979 delegados, un aspirante necesita 1991 delegados para tener la mayoría. Así también por el partido republicano, uno necesitaría 1,276 de 2,550. Cada partido elige cuántos delegados tiene y cómo los reparte.

SEGUNDA ETAPA


Convenciones nacionales

Una vez definido todo lo anterior comienza la segunda etapa del proceso electoral. Cada partido organiza un evento nacional para seleccionar al candidato final del partido. También este es el momento en el que cada candidato elige un compañero de campaña que sería el vicepresidente si se gana la elección.

Si del resultado anterior no sale ningún candidato que haya cumplido con la mayoría de delegados que se asignan mediante las primarias y los caucus para ganar la nominación, es en esta convención donde se define quién ocuparía el puesto. Este también es el momento en el que el candidato va por todo el país haciendo campaña para ganar la simpatía de la población en general.


TERCERA ETAPA

Elección General y Colegio Electoral

La última etapa del proceso electoral es tal vez la más llamativa. Esto porque a diferencia de otros países, Estados Unidos no organiza de manera práctica una elección nacional, sino que cada estado hace una elección de la cual se estipula cómo se conformarán sus electores. Se podría decir entonces que al momento de la votación general no sucede una sola gran elección, sino cincuenta elecciones simultáneas.

Sin embargo, las personas no votan por un presidente, sino por electores. Un elector es un miembro de un proceso llamado colegio electoral. Éste, que no es un lugar, es un proceso, tiene como resultados la selección de los electores, la votación de quién será el nuevo presidente, y la revisión de los votos por el congreso. En total son 538 electores y se requiere una mayoría de 270 votos para ganar la presidencia. Estos son los números que una persona ordinaria ve en la televisión el día de la elección. Los electores pueden ser miembros del partido o activistas, pero no pueden estar desempeñando un cargo público.

Los partidos políticos crean listas de electores durante la elección general para que las personas pueden votar en las casillas el día de la elección y éstos a su vez se designen por su candidato favorito. Aunque nada en la constitución les obliga a los electores a respetar su voto, el distrito de Columbia y 26 estados más tienen mecanismos para asegurar que así lo hagan. Una vez contados los votos y verificados por el congreso, cada gobernador de los estados emite un certificado de participación a los candidatos y reconoce al ganador como presidente. [Artículo II, sección 1, cláusula 2 de la Constitución de los Estados Unidos de América]

Éstos se guardan en el congreso y son parte del archivo histórico nacional. La ratificación del congreso es gestionada por el nuevo vicepresidente, dejando espacio para una vez finalizada el nuevo presidente pueda tomar posesión del cargo.

Con todo esto en cuenta, podríamos decir que todo el fenómeno en sí dura tres años: en el primero se van dejando ver las intenciones de los posibles aspirantes a perseguir la presidencia, el segundo abarca todo el proceso técnico que hemos descrito anteriormente, y el tercero se ocupa de definir al ganador.


CONSIDERACIONES


El poder judicial se formula en sí a partir del Federalista #78, redactado también por Hamilton. Aquí él hace hincapié en la necesidad de tener un sistema dentro del poder político que no tenga fuerza ni poder en sí: sino juicio. Ellos simplemente interpretan la ley para emitir juicios acerca de los crímenes y faltas de los ciudadanos. Esto hace que para alguien como el mismo Hamilton, el judicial sea de los tres poderes el más débil. Así, tras la constitución y durante el primer congreso se establece el primer Tribunal Supremo.

Yo creo que en esos términos, la discusión de Hamilton es irrelevante porque la pregunta está mal planteada. No creo que exista un poder más importante que otro porque cada uno por sí mismo es insostenible. Ni el congreso cuenta con las herramientas prácticas para gobernar por sí solo, ni el presidente con el apoyo que necesitaría un dictador legítimo, y menos dígase del poder judicial. Y así es que noto la genialidad de los padres fundadores al diseñar el sistema político de Estados Unidos: como ha podido sobrevivir la prueba del tiempo, y como es tan complicado, se ha vuelto muy difícil de cambiar. Y eso pasa con las instituciones, el tiempo es una de sus fuentes de legitimidad, porque se entiende que si no ha cambiado es porque sigue sirviendo para su propósito. ¿Pero sigue siendo ese el caso?


Pienso que la principal ventaja que este sistema tiene es, en primer término, la transparencia. Aunque el proceso que hemos descrito es sumamente largo, e increíblemente complejo, cada proceso tiene mecanismos de accesibilidad para ver de dónde vienen las personas. Pienso que en México, por ejemplo, todo este cabildeo sucede a puerta cerrada, y creo que es positivo que se haya institucionalizado este proceso para hacerlo de interés y conocimiento público.


Por otro lado, el tema del tiempo me parece que es ambivalente. Esto en el sentido de que por una parte puede ser demasiado costoso, pero por otra, hace que la gente pueda conectarse a un sentimiento de comunidad para sentirse parte de la vida pública del país.

En la coyuntura actual, mi candidato favorito fue Bernie Sanders, por su discurso social e interés en privilegiar a los menos favorecidos. Creo que de manera estrictamente liberal se ha manifestado como enemigo de las grandes corporaciones y todo aquello que me parece que le otorgó a alguien como Donald Trump la presidencia. Creo que un discurso así puede ser muy poderoso, porque llama a reconstruir un tejido social muy dañado por la sociedad de consumo y capitalismo desenfrenado que han devorado mucho del sentido de justicia de la comunidad americana. También me parece importante la idea del Medicare para todos, y la reducción de la deuda estudiantil. Así también con los impuestos progresivos al ingreso que promovió el candidato, que promueve que exista una redistribución de la riqueza más efectiva.


Los padres fundadores también vislumbraban lo peligroso de los partidos, ya que desdibujan la relación de comunidad democrática en una sociedad. Hacen parecer que existe una clase popular, de un lado y otra, política, del otro. Pero realmente, en una democracia, todos son pueblo y sujetos políticos, con los mismos derechos y obligaciones. Los partidos crean una simulación que resulta en que la gente deje de sentir una responsabilidad con su participación en la vida pública, los embulle en anomia.


En último término, creo que el reto más grande es el que enfrenta hoy el proceso electoral es el del sub-proceso del colegio electoral. Parece ser una institución anticuada que no logra traducir atinadamente los intereses de la población americana.


Los padres fundadores idearon este sistema para que siempre se respetara la soberanía de cada estado en aras de evitar que un poder central fuerte pudiera atentar contra su autonomía (rezago del desapego a La Corona inglesa). Sin embargo, creo que podrían revisarse los términos de su funcionamiento si el país para el que hoy debe funcionar dista enormemente del país que vio entrar al siglo XIX. Quiero decir, mantener el espíritu y adaptarlo al siglo XXI.


No estoy de acuerdo con que todos los puntos de un estado se vayan con un candidato en los Estados donde se permite, y propondría que se haga por un sistema proporcional obligatoriamente. Esto promueve mejor la idea de que cada voto valga lo mismo. Además, o en su defecto, de no ser posible lo anterior, reduciría la brecha tan grande de puntos electorales entre los Estados. Aunque entiendo que esto permite que existan figuras como Swing States y demás, creo que se podría cambiar su estrategia y seguir existiendo, aunque reduciendo la brecha y con ella su impacto. Quiero decir, no me parece mal que Florida tenga más votos que Utah porque ahí vive mucha más gente, pero la diferencia entre los 27 votos del primero contra los 5 del segundo es demasiado grande. Además de tomar en cuenta la proporción de gente debería estar en un rango (ej. del 1 al 10) para que no exista el fenómeno de que la decisión de seis o siete estados valga más que la de quince o veinte.


Personalmente, repito que ningún poder se me hace más importante que otro. Sin embargo, me parece que la figura del presidente ha sido la más importante para el desarrollo de la sociedad estadounidense.


Pienso que esto se debe primordialmente al papel histórico que estos personajes han tenido a lo largo del tiempo. Figuras como George Washington, Abraham Lincoln, F. D. Roosevelt, y tantos otros nombres han pasado a la historia y formado gran parte del carácter de Estados Unidos como nación.


Es difícil hablar del americanismo en la segunda mitad de la década pasada sin terminar discutiendo acerca de Barack Obama y Donald Trump, de su oposición tan interesante, y lo curioso de su su secuencia. Así también hablar de Reagan, Clinton o Bush nos llevan a otros tiempos. Y es que creo que la figura del presidente de los Estados Unidos deja ver el dinamismo, la pluralidad, la sociedad siempre cambiante que resulta de una democracia. El hecho de que el pluralismo se respete, e incluso se promueva, mantiene vivo todo un sistema cuidadosamente diseñado para sostener lo que alguna vez fue solo el sueño de un pequeño grupo de hombres contra todo un imperio.

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