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Enfrente de la boleta



Mañana es el día que tanto estábamos esperando: la jornada electoral. Después de unas campañas intensas, coaliciones inesperadas, ataques por todos los frentes, propuestas inusuales, debates en todas las redes sociales, entre muchas otras eventualidades, al fin llegamos a la casilla electoral y nos entregan la boleta. Enfrente de nosotros tenemos la posibilidad de cambiar a nuestro país. Este momento es el único que tenemos fuera de todo el ruido del exterior. Aquí la única reflexión que cuenta es la que tenemos con nosotros mismos. Están en nuestras manos los próximos seis años de México. ¿Suena como una gran responsabilidad? pues lo es.


No pretendo cambiar la opinión de nadie. Tampoco apoyar a un candidato en específico. Sin embargo, es importante que nos tomemos unos minutos –u horas– o para planear nuestro voto.

Para mí la planeación del voto se divide en dos partes: una,es hacer un ejercicio de retrospección de los candidatos. Esto es hacer una análisis de viabilidad de las propuestas que dieron, los acuerdos políticos que se hicieron, y sus aliados. De esta manera podemos entender para dónde irá su plan. La segunda parte es más personalizada y queda en el reino de la esperanza, ya que es una reflexión de lo que queremos del próximo presidente en el sexenio.


Lo bueno, lo malo y lo peor de cada candidato


AMLO


Lo bueno: Andrés Manuel es realmente una persona resiliente, como lo dice la raíz latina de la palabra resalire, "salta y vuelve a saltar". Es un hombre que sabe aprovechar las oportunidades políticas a su favor. Creó un partido y lo convirtió en la fuerza de oposición política más grande en México. En su tercer intento de presidencia de México, se posicionó como el favorito para mucha gente, logró conectar con un gran sector de la población. Se sitúa como el candidato que puede derrocar a lo que él llama la “mafia del poder”.


Lo malo: Su plan es muy anacrónico. Son ideas que ya se habían planteado en el siglo pasado como la autosuficiencia agropecuaria, o construir más refinerías. También su forma de hacer política, en donde se pone a él como la solución a los problemas de México, recuerda al presidencialismo priísta. Su plan parece que depende de una variable: eliminar la corrupción. Lo que se le pregunte, no importa el tema, su respuesta siempre será la corrupción. Aunque sin duda alguna es un pilar fundamental para el progreso de México, su agenda ha dejado ver una obsesión monotemática y que deja afuera cualquier otro tema. Sin embargo, ¿qué pasará si no logra eliminar la corrupción, su plan dejará de funcionar? Además, ¿que pasa cuando hay corrupción dentro de su partido? Como cuando Layda Sansores fue acusada de facturar en gastos personales más de 700 mil pesos y no levantó ni un dedo, ni dijo nada. Con esto demostró que él cree poseer la solvencia para decidir cuándo es corrupción y cuando no.


Lo peor: No mostró tener muchas nociones de economía, política exterior, o democracia. Sus ideales son cambiantes dependiendo del público que tenga en frente. Existe un miedo de que su transición sea un retroceso. Utilizó todos los recursos posibles para llegar a donde está, como por ejemplo, aliarse con la CNTE, que ha sido responsable de paralizar la educación en el sur del país. También se alió con el PES, que es un partido con raíces evangélicas, que denota un conservadurismo religioso. Si gana AMLO le darán al PES alrededor de 70 escaños en la cámara baja. Esto demuestra que AMLO no es la izquierda que muchos nos gustaría tener, en realidad es un conservador disfrazado. A Andrés no le gustan las críticas y en vez de responder como un estadista, responde con ocurrencias e insultos. Tendrá que mediar su plan de austeridad, ya que él promete darle becas a todos, dinero a los “ninis”, y quitar el examen de admisión en escuelas públicas –sin subir impuestos–. De resultar ganador, tendrá el enorme trabajo de reconciliar al país, ya que utilizó una retórica de dicotomización entre los que están con él y los que no.


Anaya


Lo bueno: Cuando vimos a Anaya en el primer debate quedamos asombrados ante su elocuencia y facilidad con las palabras. Me recordó a un Macron o Trudeau. Anaya se posicionó como el cambio joven de México, el conocedor de las tecnologías, el que puede hacer a México una potencia mundial. Sus propuestas fueron puntuales. En la parte de seguridad busca desmantelar a las organizaciones criminales por medio de la inteligencia. En lo económico busca pasar de una economía manufacturera a una economía del conocimiento, subir el salario mínimo, y establecer un Ingreso Básico Universal –que su viabilidad ha sido altamente cuestionada–. También impulsar una comisión ciudadana para investigar actos de corrupción, establecer políticas públicas transversales. Anaya se posicionó como el cambio moderno de régimen en el país.


Lo malo: No todo es miel y hojuelas para Ricardo. Su entrada al poder fue completamente maquiavélica. Hacía lo que fuera necesario para logar sus objetivos, desde obligar a Zavala a salir del PAN, hasta unirse en una coalición tan extraña con el PRD y el Movimiento Ciudadano. Poco a poco, demostró su falta de conexión con el votante promedio. Tenía que estar malabareando entre lo que él pensaba y lo que el Frente pensaba. Esto hizo que sus posiciones se contradijeran, era evasivo y redundante.


Lo peor: Durante toda la campaña Ricardo tenía que estar luchando por mantener limpia su imagen, nunca pudo esclarecer todos los asuntos de corrupción y lavado de dinero en donde supuestamente estaba involucrado, tampoco pudo convencer de su inocencia. Su persona se volvió un arma de doble filo. Cuando de un lado lo consideraban el “joven maravilla”, del otro era “Ricky Riquín Canayín”. También le costó trabajo poder separar sus ideas personales con lo que su candidatura representaba. Su coalición parecía estar sostenida con palillos, y nos demostró que fue más una alianza para conseguir votos que una plataforma ideológica. De un lado decía que tenía ideas del futuro, del otro negaba las causas progresistas, en donde remató con su alianza con la organización de ultra-derecha, el “Frente Nacional por la Familia”.


Meade


Lo bueno: Sin duda es el candidato con más preparación. Desde un punto de vista académico, es el más capacitado al tener dos licenciaturas. Una de Economía en el ITAM y otra de Derecho en la UNAM. También cuenta con un doctorado en Economía de la Universidad de Yale. Su trayectoria como administrador público ha sido larga y multifacética, al ocupar puestos en distintas áreas como economía, política exterior, sector financiero, energía y desarrollo social. Su campaña se basó en buscar la eliminación de las brechas de desigualdad, como la de género, la económica y la de norte–sur. Busca establecer un código penal homogéneo y un Sistema Nacional Anticorrupción fuerte que incluya al SAT y a la Secretaría de Hacienda.


Lo malo: Nunca supo deslindarse del sexenio pasado. En repetidas ocasiones se le preguntó si Peña Nieto hizo un buen trabajo, y nunca fue autocrítico. Esto nos demuestra que, aunque se promovió como un candidato ciudadano, esto fue solo su narrativa, ya que sigue ligando estrechamente con las políticas priístas que hicieron tanto daño al país en sexenios pasados. Esto le costó no poder levantar su campaña.


Lo peor: Para mí es fundamental que exista pluralidad democrática en un país, y más cuando el sexenio pasado estuvo plagado de impunidades. Desde lo municipal hasta lo federal. El PRI representa para muchos la política antaña autoritaria que vivió México durante más de 70 años, la gente está harta. El mayor mal de Meade fue estar con el PRI. Por más paradójico que suene, si lograra quedar de presidente, su mayor obstáculo será revolucionar el Partido Revolucionario Institucional.


El Bronco


Lo bueno: El Bronco representó el movimiento del candidato independiente en la presidencia por primera vez en la historia. La otra candidata, Margarita Zavala decidió retirar su candidatura a la mitad de la contienda. El Bronco comenzó su campaña de una manera inusual. Al principio no había quedado como candidato por no reunir los elementos necesarios, pero de repente el Tribunal Electoral avaló su candidatura. Sus propuestas, un tanto chuscas, como “mocharle la mano” a los corruptos y delincuentes lo colocaron en el spotlight. Su franqueza y forma de hablar con la gente desató una oleada de apoyo por un gran número de personas en redes sociales.


Lo malo: Por más divertido que nos parezca, sus ideas siguen siendo muy cuestionables desde un punto de vista de derechos humanos. Su forma de decir que “a las niñas gordas nadie las va a querer” para “hacer conciencia” de problemas de salud, o calificar como una “sonsera” al matrimonio igualitario, hasta la broma (que se salió de control) de cortar manos como medida de pacificar el país que nos retorna a tiempos de Hammurabi. Su “FBI”, o hasta la militarización de escuelas, no son respuestas reales a la situación que vive el país. La eliminación de programas sociales es cuestionable ya que muchos mexicanos se benefician de ellos. En general sus propuestas carecen de pragmatismo.


Lo peor: Aunque El Bronco pone a los partidos políticos como el problema de México –argumentando que son ellos las causas de la corrupción del país– vemos que su campaña también estuvo intoxicada de esta descomposición política. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó irregularidades en el proceso de recolección de firmas, hubo aportaciones prohibidas por parte de dependencias del gobierno de Nuevo León, e incluso triangulación de recursos. Si hizo esto sólo para ser candidato, ¿qué nos garantiza que no volverá a hacer una trampa ya siendo presidente?


Consideraciones finales


Está en cada uno de nosotros utilizar nuestro libre albedrío para tomar la mejor decisión según lo que nosotros consideramos. Al fin y al cabo el voto es libre y secreto. Lamentablemente otra vez nos vemos en la incómoda situación de votar por “el menos peor”. Nuestra democracia es joven, por esto mismo debemos de ser parte de este proceso electoral. Sería ideal que hubiera más participación ciudadana que las elecciones pasadas en las que hubo 63% de votantes.

También exhorto a los jóvenes a utilizar el poder que tienen. Los mexicanos entre 18 y 25 años representan el 30% del electorado total. Sin duda nuestra voz vale, y vale mucho. Hay que votar pensado, reflexionado y con sentido. No queremos sufrir lo que nuestros vecinos del norte están sufriendo por haber votado con el hastío del momento.

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