El Blog del ombligo.

Opinión, convicción, letras libres.

Este es un espacio de todes para todes.

Seamos responsables y respetuoses.

Bienvenides les lunátiques.

Esfumados

Actualizado: 29 de sep de 2020



I He visto a los duendes, los que bailan en el viento, casi invisibles.


Tienen muchísimos colores, casi a todos, y a la vez son transparentes.


A veces les imagino música, y ellos la bailan, ellos saben escuchar en silencio.


Me pregunto si sabrán que a diario pienso en ellos,

¿Bailarán eso también?


II ¿Será?

Que se escriba sin ver, sin estar tocando o mirando

sin modelo más que el propio, quizás el más penoso.


Mis poesías

basta ya de rimas, basta con que extienda la mano un poco.


III Mundo hirviente

y luego hielo.


De mística y la luna, mis estrellas con su luz.

La pradera y ese árbol medio chueco.


Se fue el perfume fantasioso, ¿estará en la misma lápida que aquellos otros?


No es un cielo más gris, más sobrio, más seco.


Lo briago de la carne

está en el recuerdo lírico,

eterno, de un cadáver deshecho.


IV I

Todas las aguas

y cien atardeceres en la memoria sin remembrar belleza más tierna

que la de tu piel y las horas que la frotan.


Si el tiempo se volviera carne, ¿no sería igual de invisible?

Se sentiría lejano como siempre, envuelto en un invierno blanco y permanente.


Los ancianos siendo y las luces aguardando.

El tiempo vive en la oscuridad de la noche

y sobrevive cien veces a la luz de la mañana.

II

Si ni el tiempo le huye al miedo de sí mismo, no esperes tú tampoco huir de otra cosa.


Y si por magia,

Tú fueras tú, yo sería yo, y no existiría otra cosa más.


III

Las cosas, de par en par

son más felices.

Lo sabes,

contado solo, y así de a varios ratos.

No es poema,

ni es poesía,

ser la mitad de nada.


Ni si el polvo pudiera decirlo lo haría, su lenguaje es el silencio.

No hay nada más, y el polvo es

la herencia de lo eterno.


Hoy en el aire, vida, sueños.

Bultos oníricos

hechos trizas y escondidos,

siendo polvo.


IV

Siempre el tiempo reclama al polvo.

Destiempo que dispara la noche, al que debes de gritarle.


Al pasado que pisa, y al futuro que ríe.


V

Me esfumé y ahí fui todo.

Deja de besar el polvo,

no vaya a ser que se lo lleve el viento.


VI Yo no maldeciré a la serpiente, pues hasta el horror habría nacido entonces de lo bello.


Mejor alabaré la flor, contemplaré las nubes, y aquí adentro va a ser primavera.


Dejaré el frío para las noches de vigilo, para que me cuide la espalda, y seamos compañeros, yo y el frío.


VII

El monstruo moderno camina ahí afuera, saluda diciendo buenos días mientras sujeta su cartera.


VIII La encontré en un cajón, austada. –“¿Quién eres?” pregunté. –“Soy la magia” respondió.


“Llevo aquí varias semanas, por eso no hay nubes en el cielo ni sirenas en la playa.


Se me ha perdido, o al menos no he encontrado, a la escurridiza esperanza.”


–“¿Dónde está?” Pregunté. –“Se perdió hace días” respondió.


IX No sabe la ola que desprende la marea que es bella, ni la orquídea tambalea una danza ferviente y presuntuosa.


Pero tus ojos parece que saben, parece que bailan así y saben de su belleza.


X ¿Y si la flor tuviera filo, nos sangrarían las narices por placer, no se pondría de moda el dolor? Debe ser filosísima la aurora.


XI No debe ser menester el vacío, a menos que esté ahí para llenarse.


Por eso aunque es motivo de mis lágrimas taciturnas, por las mañanas me da un cobijo irrenunciable.


¿No es emocionante la expectativa de lo amargo? Necesitaría muchísimas nubes para voltear a lo dulce.

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