El Blog del ombligo.

Opinión, convicción, letras libres.

Este es un espacio de todes para todes.

Seamos responsables y respetuoses.

Bienvenides les lunátiques.

Esto, señores, se llama democracia



Hace dos días se consumó lo que muchos temían y muchos deseaban: Andrés Manuel López Obrador finalmente ganó la elección presidencial. Además, lo hizo de forma apabullante: aproximadamente un 53% de los votantes fue con el candidato de MORENA. Ni siquiera los votos de los otros tres candidatos juntos hubieran sido suficientes para superar a AMLO. Ha sido, por mucho, uno de los políticos más controversiales de la historia moderna de México; como dijo Jesús Silva-Herzog: el político más amado y más temido de nuestra época.




Pero no todo es miel sobre hojuelas, pues un 47% de los votantes no fue con López Obrador. Esta vez, a diferencia de otras, el ganador sí triunfó gracias a la mayoría, pero este triunfo provoca emociones encontradas en el país. Mientras que AMLO promete una agenda progresista y pacificadora, acabar con la corrupción que ha sido como el cáncer del país y con el desgobierno que hoy vivimos, una gran parte de la sociedad le teme: “es que ahora seremos como Venezuela o como Cuba”. Encuentro que esta aseveración se debe principalmente a dos motivos: a la campaña de desprestigio que fue hecha en su contra, en esta elección y en las pasadas, y a la poca claridad con la que AMLO se ha dirigido. Por mucho tiempo, Andrés Manuel se dedicó a descalificar a periodistas que no concordaban con su pensamiento, a echarle la culpa de todos los males mexicanos a una “mafia del poder”. Se dedicó mucho a criticar lo ajeno, pero no clarificó muchas de sus posturas, el cómo de lo que prometía y su discurso básicamente giró al rededor de acabar con la corrupción y fortalecer el mercado interno consumiendo lo que producimos. Ni siquiera su panfleto “Pejenomics” pudo clarificar el cómo de sus propuestas en materia de economía. Así, la incertidumbre con la que se movió y la guerra sucia de los otros partidos, provocaron una bomba: un miedo irracional en muchos votantes.


Y es que si vemos con una lupa crítica la coyuntura de México, y la comparamos con la venezolana o la cubana, encontraremos que estamos a años luz de diferencia. Ni estamos “tan mal como en Venezuela o en Cuba, así que qué puede ser peor”, como muchos afirmaron (afirmación sostenida en nada menos que la ignorancia), ni AMLO es Nicolás Maduro. Para eso, habrá que saber algo de historia y hacer nuestra parte: no se trata de dar los derechos y la democracia por garantizados, pues ese sería el peor error que como ciudadanos podríamos cometer; ni tampoco se trata de temerle a López Obrador, sino de exigirle, de demandarle y de no quitarle la mirada de encima. Como internacionalista, me permito mencionar que me parece degradante la respuesta al temor irracional a López Obrador, pues utilizar la tragedia ajena (y una de las peores crisis humanitarias del siglo XXI) para desprestigiarlo ha sido caer demasiado bajo. Sí, es populista, sí, es controversial, sí, es contradictorio. Pero es el presidente electo, y por más que puedan muchos temerle, o tengamos puntos de desacuerdo, gobernará este país por seis años; así que a participar, a demandarle, a informarnos bien y a no permitir que cruce líneas que no debe cruzar.


Me permito dedicar otro párrafo a las admirables reacciones de los candidatos perdedores. José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez, espero le hayan dado una lección a López Obrador: humildad. Humildad para reconocer que simple y sencillamente, él ganó, que él es el presidente electo y legítimo. Punto. Dicen que el demócrata se prueba en la derrota, y, nos caigan o no, nos parezcan o no, los candidatos perdedores reconocieron absolutamente el triunfo de López Obrador. Me permito resaltar el discurso de José Antonio Meade, pues fue conmovedor y salió algo a relucir: sí le importaba más la democracia mexicana que sus ambiciones personales y que el partido del que nunca fue parte. Cito a un compañero del ITAM, estudiante de Derecho y Economía, Rodrigo Nuñez, concluyendo este párrafo: “A muchos priístas les quedó grande José Antonio Meade.”


Aquellos que me conocen saben dos cosas: que siempre he sido una crítica firme del partido en turno, pero también de AMLO. Y es que sigo encontrando contradicciones en López Obrador, pero tampoco le tengo un miedo irracional. Dedicaré en gran parte, los próximos seis años a comentar, a informarme, a comprender, a criticar y a demandar al presidente, porque mi responsabilidad como ciudadana no se queda en las elecciones y en discrepar con el electo, sino en participar y construir junto con los mexicanos que también lo hagan. Invito a los simpatizantes de AMLO, a que no dejen de verlo con un ojo crítico. Necesitaremos su entusiasmo y sus ganas, porque a ustedes, los comprendo: muchos de ustedes no votaron por ignorancia, y son juzgados muy injustamente. No concuerdo con su candidato, pero sí concuerdo con su hartazgo, concuerdo con su cansancio, concuerdo con que están hartos de vivir en el olvido. Y los apoyo. Y a los disidentes de AMLO, hago otra invitación: el odio y la división no nos llevarán a nada productivo. A que hagan el clasismo y los prejuicios a un lado, y usen un lente crítico para ser objetivos, criticar y exigir. No dejen todo en manos del otro. Andrés Manuel dijo algo muy cierto en su discurso del domingo: hay que reconciliar. Es necesario. Hagamos un recuento de algunas válidas razones de su triunfo: la gente está harta. El gobierno de Enrique Peña Nieto ha traído más males que bienes, aproximadamente el 42% de la población está sumida en la pobreza. Una pobreza tan rezagada que ni la “mente positiva” ni “ponerse a chambear” son remedios efectivos, así que no son pobres porque quieren, como muchos ridículamente afirman.


Esperemos que AMLO se rodee de gente más capaz que él, más crítica que él. Digo esto, perteneciendo a la institución que tanto criticó. A lo mejor para él y para muchos constituimos parte de la mafia del poder, y hay resentimiento por los privilegios de los que muchos gozamos (porque, afrontémoslo, gozamos de ellos), pero hoy yo tomo la iniciativa y le digo a México y al presidente electo: vamos a trabajar juntos, vamos a cooperar, porque como usted dijo, señor López, la patria es primero. Y prefiero ser recordada como demócrata a como fanática de algún miedo o des afinidad. Así que, nos guste o no, nos caiga o no, sea un populista o no, esto, señores, se llama democracia. Y es gracias a la democracia que podemos vivir representados, que pudimos vivir elecciones legítimas, como tristemente muchos otros países no.



406 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Siempre