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Hasta nunca Peña

Actualizado: 3 de dic de 2018

Entre el vitoreo y la esperanza, el joven y carismático priista habría llegado hace seis años a la ansiada residencia de Los Pinos, con el firme propósito de “mover a México”. El hijo político de Carlos Salinas y el proyecto del grupo Atlacomulco -producido por Televisa- habría de ejecutar su misión: regresar al PRI a la cima del poder.



Pero: ¿Lo logró?


Su cierre de cerca del 70% de desaprobación nos arroja un rotundo no. Definitivamente ahondar en el legado de Enrique Peña Nieto es atravesar un calvario -no figurativamente- tanto para el presidente como para la población civil. Especialmente, de las gravísimas violaciones a los derechos humanos, ese es el sello de la casa, la hierra con la que se marcó el sexenio y el ancla calderonista que se dejó hundir aún más.


¿Qué hizo EPN en materia de derechos humanos? pisotearlos, ningunearlos y despreciarlos. Un poco de números: 117 mil 114 averiguaciones previas o carpetas de investigación por homicidio doloso, 7 mil 228 secuestros y 34 mil 081 carpetas por extorsión del 2012 a julio del 2018 de acuerdo con el Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el primer trimestre del 2018 considerado el más violento registrado, en otras palabras, cada 24 horas han muerto violentamente al menos 85 personas. En cuanto a los feminicidios hubo una tendencia al alza superior al 111 por ciento, entre 2014 y 2017 se tenían 8,904 víctimas de las cuales solo el 24 por ciento fueron investigadas (OCNF) y 402 en el primer trimestre del 2018 (SEGOB). A lo anterior, hay que sumarle las 1,986 agresiones y 41 asesinatos a la prensa (cifras de marzo) y además el espionaje llevado a cabo a los periodistas por parte del gobierno Federal a través de Pegasus, tema sin aclarar. En otras palabras, termina el sexenio con 125 mil muertos.


Tengo que resaltar con letras rojas los sucesos de Tlatlaya, Apatzingan, Tanhuato y Ayotzinapa, gravísimas violaciones a derechos humanos, detenciones arbitrarias, privación de la vida, manipulación de las escenas de los hechos, PGR inútil y abusos de la autoridad.


Puedo ubicar estos seis años en cinco momentos fundamentales: las reformas estructurales, la Casa Blanca, gasolinazo, sucesos de graves violaciones a los derechos humanos y la visita de -en ese entonces candidato- Donald Trump. Creo que cualquier mexicano, hasta el más enajenado a la política, podrá recordar vívidamente cada uno de estos momentos históricos. Sin embargo, son las violaciones a los derechos humanos y el récord de inseguridad lo que debe preocuparnos en primer lugar.


Los datos que ofrezco y que están a nuestra disposición en artículos, reportajes y notas periodísticas de Proceso, Animal Político y Aristegui Noticias, son números fríos, un impacto a primera vista que no necesitan una explicación o mayor detalle para poder darnos cuenta de que la situación es grave, sin embargo, como seres humanos tenemos que ir más allá. Esos números son personas, muchos periodistas ejerciendo una labor para y por nosotros, son mujeres que pudimos ver pasar por la calle, son compatriotas, son civiles que estuvieron en el lugar y momento desafortunado, niños, estudiantes que eran parte del futuro de nuestro país y además los activistas defensores de derechos humanos. Rescato y hago mención de unas palabras: “contamos sus historias para ponerles rostros y que sus nombres no se conviertan en números” Javier Valdez, asesinado en ejercicio de su profesión, periodista que buscaba resaltar a las víctimas, hacernos conocedores y empáticos de las historias que investigaba, su país le falló, su país lo asesinó. Palabras que nos aportan una realidad cruda, vemos números, pero hay historias y si las leemos y escuchamos, nos parten el corazón.


Que me disculpe quien no esté de acuerdo conmigo, pero nada de lo que haya hecho Enrique Peña Nieto, absolutamente nada, ya sea en materia económica, de política pública o política exterior, podría compensar o diluir lo que la inseguridad, censura y violación a derechos humanos cobró en vidas. Y, por si fuera poco, las recomendaciones emitidas por la CNDH que fueron aceptadas para ser ignoradas, desprestigiadas y sobre todo incumplidas. Un aproximado de 300 recomendaciones de las cuales se cumple menos del 20 por ciento, es decir 1 de cada 5 recomendaciones. Los mexicanos fuimos ninguneados, las muertes y desapariciones forzadas no fueron una preocupación ni mucho menos ocupación del presidente.


En otro peldaño que Peña decidió dejar en alto, tenemos la corrupción y por ende impunidad. En este sexenio los escándalos de corrupción e impunidad tuvieron graves consecuencias económicas, desaprobación de los inversionistas a nivel internacional y desaprobación de la sociedad civil. Empezamos el sexenio con el famoso caso de “La Casa Blanca” reportado por Aristegui, continuamos con el destape de los militantes de su partido que anteriormente había halagado, Javier Duarte, Roberto Borge, Cesar Duarte y Rosario Robles. Está además el caso Odebrecht vinculado a la Estafa Maestra en las que participaron desviando recursos PEMEX, Desarrollo Social, Agricultura y ocho universidades públicas de intermediarias, es decir, un fraude de alrededor de 192 millones de dólares de acuerdo con Animal Político. Todo lo antes mencionado ¿ha seguido un debido proceso de justicia e investigación? No, por el contrario, ahí es en donde la impunidad se hace presente y si no, un dudoso proceso como el de Javier Duarte.


El sexenio dejó número negativos en casi todos los peldaños y la política social no es la excepción. La pobreza aumentó de 55.3 millones de personas en situación de pobreza a casi 100 mil más que en 2012 de acuerdo con “Acción Ciudadana Frente a la Pobreza”.


Con respecto al tema que a muchos preocupa e interesa, la economía. Peña Nieto recibió el dólar en $13.8 y lo deja en $20.55, la deuda pública sufrió un crecimiento acumulado en los primeros cinco años del 41%, dejando la deuda pública en aproximadamente $10.42 billones y el peso acumula una pérdida del 5.5%.


Ahora, sobre lo que se puede rescatar del periodo y que aun así dio lugar a la polémica y el debate, tenemos las 11 reformas estructurales implementadas en los primeros 20 meses del sexenio en materia de telecomunicación, energética, laboral, combate a la corrupción, educación, ente otras. Estas reformas abrieron el debate público del que los expertos concluyen que eran una necesidad y para la percepción internacional puros elogios a EPN. Y para finales del 2015 la implementación del Sistema Nacional Anticorrupción, una necesidad del país, pero como casi todo en México, muy bonito en el derecho positivo y muy ignorado en la realidad.


A grandes rasgos así fue el sexenio peñista. No, no es para el olvido porque la política es parte de la historia y la historia debe ser parte de nuestra memoria, que para muchos mexicanos a veces resulta corta. De este sexenio los mexicanos tenemos mucho que aprender, analizar y definitivamente cambiar.


Todo lo desarrollado en este artículo tiene que abrirnos la mente y llevarnos a una catarsis y retrospección de nuestro rol como miembros de la sociedad mexicana, nuestra responsabilidad como votantes y ciudadanos. Tenemos que dejar de desvalorizar la política y sumarnos al cambio.


Hace poco una persona me decía “a mí no me importa la política, no me gusta, no me da ni me quita nada y de todas maneras nada hago intentando cambiarla”. Definitivamente estoy en desacuerdo, la política y nosotros parcialmente, somos los responsables de esos muertos, de esa economía venida a menos, del costo de nuestros productos básicos, del salario mínimo, del respeto a nuestros derechos humanos, de los programas sociales, del recurso público y básicamente todo lo que hacemos y nos rodea. Nosotros definimos y escogemos la política y la política regula nuestro estilo de vida, define lo que nos rodea. Si, el sexenio de Peña Nieto fue un horror en sangre, pero tenemos que hacernos responsables de la parte que nos corresponde.


No quiero terminar este artículo sin antes darle honor a quien honor merece, Carmen Aristegui, Animal Político y los organismos de la sociedad civil. Sin ellos pudimos haber pasado por alto muchísimas atrocidades como la Ley de Seguridad Interior que gracias a la presión de la sociedad civil compuesta por intelectuales y también por gente como nosotros, se logró que la Corte la invalidara, al igual que obras maestras de corrupción. El periodismo independiente fue un bastión, la mano que se levantó de entre la multitud. Con La Casa Blanca y el plagio de la tesis de Peña que el equipo de Aristegui desenmascaró y por supuesto La Estafa Maestra de Animal Político. Gracias por arriesgar sus vidas y gracias por ser parte del México que queremos y debemos ser.


En palabras de un cantante que admiro mucho, le diría a Peña: “Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá”. Marcó su nombre en la historia con letras de sangre, con un ejemplo de todo lo que no debes hacer en la presidencia. Tal vez, en lugar de haber “leído” la Biblia debió haber leído “El Príncipe” y el “Contrato Social”. No debemos romantizar a Peña, no hay broma que hacer y no lo vamos a extrañar, ¿por qué? Porque este sexenio tiene nombres y apellidos, tiene compatriotas bajo tierra y libertades que nos fueron arrebatadas. Mucho que aprender, todo por cambiar. Hasta nunca Peña.

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