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Proceso político-económico de Estados Unidos

Actualizado: 6 de jun de 2020

A continuación trataré de abordar a grandes rasgos el desarrollo de la política económica de los Estados Unidos desde tres perspectivas entremezcladas: tanto de su historia, como de sus características principales, y desde una consideración respecto al espíritu fundacional que tuvo en la generación de la época revolucionaria.


Existe una manera de dividir la política económica de los Estados Unidos en dos: hacia adentro y hacia afuera, que ayuda a entender el desarrollo histórico que ésta ha tenido y cómo funciona.


Hacia adentro


El milagro de 1776 no fue el momento fundacional de la política económica doméstica de los Estados Unidos. Hay que recordar que una gran cantidad de la identidad que tendría el proyecto americano trata siempre de huir de poderes centralizados. Las economías de los Estados, al inicio de la historia americana, eran dirigidas completamente por ellos. La consecuencias de este fenómeno fueron ambivalentes, dado que mientras en la época colonial los Estados del Atlántico Medio desarrollaron un motor industrial que se había estancado desde la independencia, los Estados del Sur, al contrario, disfrutaban de la bonanza de su comercio de esclavos y materias primas más libremente después de la independencia que antes en la dinámica colona.


El Compromiso de 1790 sí fue el inicio de lo que podríamos considerar como la política económica de los Estados Unidos hacia adentro. Y como toda buena historia, comenzó con una cena. Una noche de verano, Thomas Jefferson, secretario de Estado, fue el encargado de resolver una disputa entre James Madison y Alexander Hamilton. Hamilton, quien fuera el encargado de tesorería, consideraba que era necesario ejecutar un plan económico federalista que absorbiera las deudas de los Estados del Atlántico para que reviviera el crédito público, Madison había bloqueado este plan varias veces. Durante la cena organizada por Jefferson, Madison permitió que pasara el plan de Hamilton a cambio de promover el crecimiento de la industria cerca del río Potomac.


Así también con el Compromiso de Missouri o el Compromiso de 1850, la política hacia adentro de los Estados Unidos siempre ha tenido una relación directa con la vida política de facto. Tanto lo que pasa en la vida pública, como la parte del gobierno que se discute a puertas cerradas como una cena.


Pero hasta entonces, la ideología política-económica del laissez-faire rigió la vida pública de las relaciones de intercambio para la sociedad americana. El dejar hacer estaba fundado en el espíritu libertario de los padres fundadores y las ideas ilustradas de la era del romanticismo –que fundó bastante del carácter del primer secretario de tesorería: Alexander Hamilton–. Incluso ya a mediados de siglo, Abraham Lincoln, uno de los más relevantes presidentes de los Estados Unidos, tendría una concepción de la libertad basada en poder recibir los frutos de su trabajo. Sería el principal argumento para establecer la abolición total de la esclavitud en el país. Se creía que era intrínsecamente injusto y antiliberal que las personas fueran privadas de los frutos de su trabajo. Ya desde la época revolucionaria, los impuestos serían un tema sensible para el ideario común americano. Para este punto, la intervención del gobierno en temas económicos buscaba reducirse al mínimo.


Con la Gran Depresión de 1929, y después del boom acelerado de los Roaring Twenties, llegó la economía keynesiana. Las ideas de John Keynes pretendían que la intervención del Estado en el mercado debía ser tal que pudiera igualar la producción con la demanda, a partir del control en el consumo, ingreso y gasto del país. Además, el Keynesianismo cambió la manera de funcionar de la economía hacia afuera.

Hacia afuera

Además claro, del algodón y el azúcar, el comercio de esclavos fue la industria que hizo de los Estados Unidos el imperio económico que es ahora. También, ha sido la evidencia del rigor tan serio con el que logran dividir tantas cosas hacia adentro y hacia afuera. Porque, hay quien podría decir, que los Estados Unidos han tratado de establecer el imperio de la libertad solo hacia adentro. No ha de extrañar la cantidad indignante de violencia que se desató en la Guerra Civil Americana si volteamos a ver que su raíz yace en la industria crematística del comercio de esclavos. Existen varias biografías que podrían pasar más por historias de terror, que dejan ver lo despiadado que habría sido lo que le dio a los Estados Unidos el estatus comercial tan poderoso que tiene hoy en día.


Con el paulatino debilitamiento de la institución de la esclavitud, poco a poco la economía de los Estados Unidos la dejó a un lado para concentrarse en modelos económicos más competitivos como el de las infant industries, dado las contribuciones y hallazgos económicos de personas como Polanyi y Hayek, las ventajas comparativas comenzaron a ser también directriz de la política económica hacia afuera.


Ideas Keynesianas: hacia adentro y hacia afuera


El modelo keynesiano permitió combinar la política económica interior con la política económica exterior para encontrar equilibrios de mercado. Esto permitió que la política económica estadounidense se sofisticara tremendamente. El estudio de las implicaciones que tienen las exportaciones y las importaciones en las economías domésticas, y también así viceversa, comenzó a hacer que la idea de la intervención estatal en la vida económica del país fuera cada vez más atractiva para el gobierno.


Fue Franklin D. Roosevelt quien implementó el control más exhaustivo que había tenido el gobierno sobre la economía americana. Este sería el del plan de reactivación económica conocido como “New Deal”. El dólar se devaluó para favorecer a las exportaciones brandesianamente, o sea, en el entendimiento de que las medidas aplicadas por el gobierno debían huir de la recaudación directa de liquidez para la población. Así, el gobierno aseguró los depósitos bancarios de las personas y se impulsó la industria agraria para que los campesinos no habitaran Viñas de Ira.


El gobierno de los Estados Unidos entendió el gran poder que podía tener el gobierno para manejar y manipular el mercado a su favor. Se podría decir que descubrieron el guante de la mano invisible. Porque, hacia adentro, el resto del siglo promovería el libre mercado y el control limitado del gobierno, aunque hacia afuera, la historia sería completamente diferente.

El nuevo imperio americano


Las ambiciones imperialistas de los Estados Unidos han estado muy lejos de desaparecer. Ya sea en América Latina, Asia o Medio Oriente, no existen muchas regiones en el mundo que no se hayan enfrentado con la agenda internacional de los Estados Unidos. Y esto, además de ser un tema político, viene a ser algo francamente económico.


Desde el comienzo del siglo XX las expediciones imperialistas y de intervención política a regiones del mundo se han liderado tanto por Roosevelt como con Obama, sea en Panamá y en México, o en Siria e Iráq, o en Japón y Vietnam.


El gobierno de los Estados Unidos no comenzó a dominar el mundo económico de la noche a la mañana, antes de Bretton Woods y el concenso de Washington, antes del Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, antes de los tratados de amistad y cooperación, Estados Unidos impone su agenda política dentro de los demás Estados para crear agendas que favorezcan la dominación de un grupo reducido de grandes economías. No puede ser extraño que Estados Unidos no tenga buenas relaciones con China o Rusia, es en gran medida un tema de rivalidad económica que pone en riesgo el éxito del proyecto americano hacia afuera, el de dominación de las relaciones económicas.

Conclusión


La riqueza material de los Estados Unidos, desde el comienzo del proyecto americano, se fundó en el trabajo ajeno de sus esclavos y la explotación de los países satélites para sus intereses domésticos. En cambio, hacia adentro, las ideas de los padres fundadores y el carácter tan inspirador de su acción afirmativa concedió el escenario para construir un aparato económico que favorezca la creación de una clase media fuerte que impulse el desarrollo de la mayoría. Los Estados Unidos, sin embargo, todavía tienen una deuda histórica tremenda por la libertad que han podido darle a sus ciudadanos.


El silencio que rigió a la institución de la esclavitud por tantos años hoy se ha vuelto el silencio de la dominación en su política extranjera: del aprovechamiento injusto de los países menos desarrollados. En cambio la economía hacia adentro del país ha logrado construirse hoy en día sobre un punto medio entre lo que fue el New Deal del siglo XX y el laissez-faire del periodo anterior. Mientras, la economía hacia afuera se ha sofisticado más en lo sofista que en lo filosófico, engañando con ideas robadas del romanticismo como la libertad y la democracia, para construir esas ideas solo dentro de sus cincuenta estados –ni siquiera de los territorios anexados como Puerto Rico o Hawaii, colonias disfrazadas.


La política económica de los Estados unidos es, en otras palabras, extremadamente compleja. Su historia es válida de ser estudiada por sí sola porque ha sido la otra parte de la simbiosis, aquella que se complementa con la ideología fundacional de los padres fundadores, y que resulta en la imagen de la vida pública económica estadounidense. El proceso político de los Estados Unidos ha marcado en gran parte la política económica del país, y ha servido de guía para establecer su forma de actuar tanto hacia adentro como hacia afuera.

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