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TLCAN: detrás del telón




El día de ayer, los presidentes Donald Trump y Enrique Peña Nieto anunciaron al público que la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés) entre México y Estados Unidos, había llegado a una resolución. Durante la llamada entre los dos mandatarios, Trump elogió a los representantes de cada país, se mostró satisfecho y hasta llamó «amigo» a Peña. Es innegable que para México, este paso dado (pues no es toda la carrera terminada) es una muy buena noticia en términos económicos. Los bienes importados de origen mexicano en Estados Unidos, representan aproximadamente el 13.7% de las importaciones*, por lo que para nuestro país estas renegociaciones eran cruciales. Sin embargo, aún falta que Canadá se una a la mesa de negociación y se llegue a un acuerdo. Trump ha estado presionando a Trudeau para que el acuerdo se concrete a más tardar este viernes... ya veremos.


Abordaré aquí dos vertientes específicas del tema: las implicaciones que tiene este episodio, en materia de política interna, tanto para México como para Estados Unidos.


Para México.

En México, mucho se debate acerca de quién merece el reconocimiento por haber “logrado” concluir la renegociación. ¿Influyó el equipo de AMLO en que la renegociación fuera pronta? ¿Fue logro del equipo de Peña Nieto? ¿O será que ni una cosa ni la otra? Si hay algo que podemos dar por sentado en la política y en la historia, es que difícilmente existen verdades absolutas; pues la verdad dependerá de la boca que la cuente. Sin embargo, a mi parecer, esta es una medalla que todos se quieren colgar inmerecidamente. Ni el equipo de AMLO merece el premio a estadistas del año, ni Guajardo o Videgaray. Ahora veremos cómo mucho ayudaron las circunstancias a los negociadores mexicanos, y cómo la disposición norteamericana a cerrar el trato lo antes posible fue lo que permitió que se concretara el asunto.

Por otro lado, Peña Nieto celebró en Twitter y hasta le ofreció a Trump celebrar con unos tequilas la ocasión. Creo que esto, una vez más, refleja la débil posición diplomática que esta administración ha tenido frente a Donald Trump: una persona como el señor Trump, que ha vulnerado los derechos de tantos migrantes latinoamericanos, que se ha expresado de la manera en la que lo ha hecho de nuestro país, definitivamente no merece ser premiado con unos tequilas. Porque una cosa es diplomacia, y otra muy diferente es lambisconería. Se llegó a un acuerdo porque es lo mínimo que podía esperarse, pero Trump no merece un premio como niño chiquito por haber cedido, y el presidente Peña debería de así abordarlo: como un mandatario al que debe respeto, pero no simpatía.

Otro asunto concerniente a México derivado del TLCAN, es el protagonismo con el que el equipo del presidente electo ha abordado el asunto. Sacaron un comunicado –está bien–, pero también Marcelo Ebrard salió a dar una conferencia de prensa posicionándose como futura administración frente al asunto. A mi parecer, protagonismos innecesarios. AMLO aún no está en funciones, él no renegoció el Tratado, y si bien pudo haber influido en la parte diplomática, no es el presidente en turno aún. Es esta ansiedad por querer colgarse la medalla del logro, cuando la renegociación no fue gracias a su gran arte diplomática. Sin embargo... con un presidente ausente y un presidente electo hambriento de reflectores, ¿qué podemos esperar?


Para Estados Unidos.

Mencioné anteriormente que mucho ayudó la disposición norteamericana para concretar las renegociaciones. Y sí creo firmemente que fue así, pero no por benevolencia para con México. En Estados Unidos hay elecciones intermedias en Noviembre de este año, y el presidente Trump está enfrentando probablemente los peores días de su presidencia. A Trump le urgía terminar con esto, porque lo prometió en campaña y seguramente esto será determinante en los resultados de Noviembre, y por su propia supervivencia política. La semana pasada, el ex abogado de Donald Trump y su ex gerente de campaña, fueron encontrados culpables de delitos graves por el FBI. Esto implica al presidente Trump, y si bien existen posibilidades de que salga vivo de ésta, también existe otra posibilidad de que presenciemos el primer impeachment presidencial en Estados Unidos del siglo XXI. Y todo vuelve al mismo punto: dependerá, en gran medida, de los resultados de Noviembre.

Estados Unidos tiene prisa para terminar las renegociaciones y que el Congreso apruebe el Tratado, y no por otra cosa más que por supervivencia republicana. Esta renegociación servirá a Trump como medalla frente a su gente, pues será una promesa de campaña cumplida. Sin embargo ¿será eso suficiente para evitar su posible destino de desafuero? En un futuro próximo lo veremos. ¿Será la disposición de esta administración, a trabajar con AMLO, honesta y genuina? Yo lo dudo mucho, pues Trump no es un hombre precisamente diplomático, es oportunista. Pero también, está por verse.


Ya veremos en los próximos días cómo pinta este jugoso Tratado para los tres países. De que es una buena noticia para nosotros, claro que lo es. De que sea un logro de algún político mexicano... yo no me confiaría tanto. Hace apenas unos meses temíamos el término del TLCAN, producto de amenazas de Trump; hoy, celebramos la victoria que representa la renegociación. Victoria que muy probablemente no sea fruto de la habilidad diplomática de nuestros negociadores (por mucho que me duela reconocerlo), sino de las circunstancias tan oscuras en las que se ve envuelto Donald Trump. Mientras que en México el TLCAN es una medalla de orgullo, para Trump, es una medalla de supervivencia.



*México, ¿cómo vamos?, 2018.

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