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Yucatán: ¿un nuevo rumbo?

-Mérida, Yucatán a 9 de julio del 2018.


En Yucatán se vivió la incertidumbre de una reñida competencia por la gubernatura del estado. La página del PREP caída por varias horas y la aclamada victoria por parte de los candidatos tanto del PRI como del PAN, mantuvieron en incógnita a la ciudadanía. Se tuvo el miedo de ser el estado que fuera a la urna sin la memoria, la empatía y la reflexión. Pero ¿por qué Yucatán insiste en empoderar al partido culpable de numerosas atrocidades?



Para mí, uno de los principales culpables de esto es la falta de periodismo serio, objetivo y veraz en el estado; no existe un medio periodístico capaz de desnudar, investigar y denunciar lo que se hace durante las administraciones. Se cuenta con un fiscal trabajando como empleado del gobernador y no de la justicia, al igual que un puñado de medios amarillistas vendidos al mejor postor. La ciudadanía yucateca vive en la ignorancia y enajenación, en especial en el norte de la capital.


Como claros ejemplos de esta falta de denuncia periodística, se puede subrayar el fraude de Crecicuentas, en el que el entonces secretario de gobernación Víctor Caballero Durán tenía conflictos de interés -según señalan las partes-, además de un entorpecimiento en la investigación por parte de la entonces fiscal, Celia Rivas. De igual forma, la autorización, mediante irregularidades, de un terreno porcícola que tendría un impacto negativo en la comunidad, el subsuelo y el cenote de Homún, la falta de transparencia en el paquete fiscal del ejecutivo aprobado por el congreso local -del cual no se tuvo ningún tipo de información-, la violencia del presente gobierno al presentarse la plataforma de Uber y los grandes inconvenientes que representó para el protegido FUTV del PRI y la no persecución a Ivonne Ortega por parte Rolando Zapata Bello y el fiscal Ariel Aldecua, por mencionar algunos.

Todo lo anterior, como parte de una bien tejida telaraña priista que ha sabido mantener censurados y comprados a los medios periodísticos. Un estado que vive sesgado y cómodo por la seguridad y enorme distancia del centro y norte del país, lo cual ha contribuido en la creación de una sociedad complaciente y enajenada.


Hace ya varias semanas se presentó un suceso del que, en lo personal, me avergüenza mucho escribir. Una parte del alumnado de la UADY fue cómplice de proselitismo en instalaciones pioneras en la pluralidad, objetividad e inclusión. Los estudiantes y representantes estudiantiles, como el presidente de la sociedad de alumnos y el consejero alumno de Derecho, decidieron aplaudir, glorificar y alzar en hombros al ex candidato priista, dentro y fuera de las instalaciones, además de la generalización en redes sociales al alumnado vinculándolo con Mauricio Sahuí. Existe un rumor -nada lejos de la realidad- de una intervención priista por medio de las federaciones y estas por el consejo y sociedad de alumnos. Sí, muchos –no todos- los estudiantes buscan esta plataforma para posicionarse en el partido tricolor y abrirse el camino fácil a la política y el dinero, olvidándose del alumnado por el cual deberían trabajar, y por el contrario, siendo cómplices de acciones fraudulentas y corruptas para recibir dinero por parte del PRI, como los falsos proyectos en ciertas instituciones públicas. Los estudiantes priistas decidieron ser el personaje antagónico en la historia del universitario mexicano plagado de excelentes protagonistas, como los de Tlatelolco, Ayotzinapa y los #YoSoy132.


En Yucatán existe un alto número de militancia priista. Otra razón podría ser el egoísmo de la clase privilegiada, los que se encuentran en la comodidad de una clase económica alta, en la que sus “contactos” o sus beneficios se encuentran atados al partido tricolor. Buscan mantener al partido por un beneficio egoísta, inconsciente y superficial, donde les es ajeno el sur de Mérida o los poblados que viven en extrema pobreza, con un nivel educativo sumamente deficiente que los mantiene por generación en la misma deficiencia. Una población que consideramos minoría pero que en realidad es una mayoría, en donde desconocen de sus derechos, en el que sus patrones los explotan -si tienen la suerte de tener un empleo- o en la que los privilegiados los emplean en sus casas en una especie de “esclavitud moderna” basada en malos tratos, sin vacaciones, sin sueldo, sin seguro social, sin ser parte del hogar, subestimados y básicamente sin oportunidades. Y la otra parte de la militancia es esa misma “minoría” que no conoce, no sabe de otro partido que el PRI, ese que los mantiene ocupados con asistencialismo, con amenazas por medio de los programas sociales y, como dicen por ahí, todo para darles “atole con el dedo”.


Yucatán, estuviste al borde de no ser empática con el sentir nacional, con el común hartazgo y despido al Revolucionario Institucional; la cómoda seguridad en la que vives aún no te deja ver más allá de tus fronteras. A pesar de tener en estos momentos una especie de alternancia con el PAN, es momento de exigirles, de que las expectativas que se tienen con el cambio se cumplan, que se note la diferencia, que tengamos la prometida fiscalía autónoma e independiente del gobernador y que los derechos, servicios y oportunidades estén al alcance de quien lo necesita y no de quien convenga. Es la oportunidad para Acción Nacional de ser el cambio que la mitad de Yucatán quiere, de ser la mano que nos salve del borde del abismo en el que por años hemos estado. Tienen un cartucho, una única oportunidad para salir de la inmensa sombra priista. Estoy a la espera de un cambio en nuestra muy conservadora sociedad yucateca así como estoy seguro de que el universitario yucateco pronto vivirá una catarsis que le hará abrir los ojos para sucumbirse al sentir nacional y espero ansiosamente a que ese día llegue.

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